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Tag Archives: Bruselas

El Ministerio de Fomento español también cuenta con una docena de reglamentos secretos que interpretan la normativa de seguridad en los aeropuertos, según anunciaba en su edición de ayer El Periódico. Y no sólo son secretas sino que contradicen la norma comunitaria. En puntos como los líquidos para usos medicinales, que la UE sí permite embarcar, Fomento los rechaza y los limita únicamente a medicamentos líquidos.

Las fuentes con las que ha contactado El Periódico se excusan diciendo que se limitan a acatar las órdenes dictadas desde la dirección general de Aviación Civil, que pertenece a Fomento.

Joan Herrera, diputado de Iniciativa per Catalunya Verds en el Congreso, ha planteado al Gobierno preguntas sobre el secretismo de la norma y sobre por qué en España se contradicen los dictados de la UE. El europarlamentario Ignasi Guardans al ser interrogado por El Periódico sobre estas normas secretas de Fomento ha declarado: “Es lo más ridículo que he oído desde que acabé la carrera de Derecho”.

El Periódico de Catalunya publica en su edición de hoy la normativa secreta. Como explican en el artículo,  el secretismo sólo ha conseguido que se aplique incorrectamente y que se requisen líquidos que el reglamento sí permite embarcar.

Si la Unión Europea hubiera hecho público desde el primero momento el contenido del reglamento secreto que regula el control de líquidos en los aeropuertos, habría ahorrado muchos sinsabores a pasajeros enfermos, padres atribulados y personas sometidas a dietas por enfermedades infrecuentes. En el texto del documento que fuentes gubernamentales han facilitado a EL PERIÓDICO queda muy claro que están permitidos los líquidos que sean utilizados por “necesidades médicas”, “las dietas especiales” y la “comida infantil”. ¿Cuántos miles de biberones, líquidos de medicina natural, cremas solares especiales, refrescos con efectos médicos como los que transporta el joven de L’Hospitalet David Raya y un largo etcétera se habrán tirado a la basura porque los afectados no podían conocer que tenían derecho a llevarlos a bordo?

(…) Su publicación despejará el camino de algunos pasajeros, pero la indefinición de otros de sus apartados seguirá dando un margen amplio a la discrecionalidad. De hecho, el texto comunitario no precisa cómo hay que acreditar que un líquido es de uso medicinal. ¿El agua desinfectada por ebullición para hacer un biberón se considera comida infantil? Este tipo de dudas pueden parecer baladí, pero cuando una norma conlleva la incautación y destrucción de productos propiedad de los ciudadanos estos deberían tener la información necesaria para poder evitarlo.
Por eso, varios parlamentarios que también conocen la textualidad del documento secreto, como Ignasi Guardans, advierten de que es muy probable que la Comisión Europea acabe modificándolo antes de hacerlo público. De no ser así, gran parte de la confusión y los abusos se mantendrían.

Seguir leyendo la noticia de El Periódico.

A parte de la denuncia que presenté ante el Parlamento Europeo, también envié cartas a la Comisión Europea, los impulsores de esta normativa. Me contestó John Wilson, de la Dirección General para la Energía y el Transporte. Wilson me argumentó (la traducción del inglés es mía):

Sobre la preparación para la implementación de la normativa y sobre el entrenamiento del personal, debo admitir que la regulación se adoptó e implementó bastante rápido para poder responder a la nueva amenaza desvelada en Londres el 10 de Agosto. Esto dio a los Estados Miembros muy poco tiempo para prepararla e implementarla. Espero que el personal de seguridad haya sido entrenado mejor y sensibilizado con esta situación.

Al menos Wilson admite que la aprobación de una normativa que afecta a tantísimas personas no se hizo como debería. También espera que el personal de seguridad de los aeropuertos haya sido mejor entrenado. En eso coincidimos: 1 año y 7 meses después del incidente yo también lo sigo esperando, pero estoy empezando a perder la esperanza.

Y sobre las supuestas urgencias y los supuestos atentados, me permití recordarle al Sr. Wilson que los únicos atentados que hemos sufrido en Europa después del 11-S han sido en unos trenes (Madrid) y en unos autobuses (Londres).

Le pedí, por supuesto, que modificara o derogara la normativa y me respondió:

No creo que haya demasiado apoyo para abolir la regulación mientras la UE permanezca vulnerable a los ataques que utilizan explosivos líquidos y mientras no exista la tecnología capaz de distinguir líquidos peligrosos de los inocuos.

¿Que no hay demasiado apoyo? Por lo arropado que me he sentido en estos meses de batalla, yo creo que SÍ lo hay. Hemos de encargarnos de hacérselo saber.

Queda menos de una semana para hablar ante la Comisión de Peticiones del Parlamento Europeo. El martes 27 de mayo tendré 5 minutos para exponer mi caso en Bruselas, luego se le dará la palabra a un representante de la Comisión Europea y a continuación comenzará el debate.

A pesar de los nervios, intentaré que sean los cinco minutos más provechosos. Todavía estoy dándole vueltas a mi discurso, pero pediré que se derogue o se modifique la normativa; que se respeten las libertades individuales y el derecho a la intimidad de los viajeros; que normas secretas como esta no sirvan de precedente; y que tengan en cuenta, a la hora de legislar, a colectivos como el mío, discriminado por normativas como esta.

Soy enfermo de fibrosis quística y diabético, y llevo más de un año luchando contra la absurda normativa europea que restringe los líquidos en los aviones. Para mejorar mi calidad de vida necesito llevar siempre conmigo todo un arsenal de medicamentos, muchos de ellos líquidos. Cuando salgo de viaje siempre llevo una maleta repleta de medicinas por valor de unos 5.000 euros. Lógicamente no puedo facturarla porque, en caso de pérdida, mi vida correría un serio peligro.

En noviembre de 2006, tuve que tomar un avión de Berlín a Barcelona. Al cruzar el arco de seguridad del aeropuerto de Tempelhof, sin estar en ninguna lista terrorista, ni haber cometido ningún delito y simplemente por el hecho de ser un enfermo crónico de FQ y diabetes, me trataron como a un Yihaidista dispuesto a inmolarme contra símbolos opresores occidentales. Y todo ello gracias al nuevo reglamento CE 1546/2006, que “regula” el trasporte de líquidos en los aviones.

Los agentes de seguridad revisaron mi bolsa de medicamentos, que lógicamente, excedía los límites de los líquidos permitidos por la ley. A la vista de cientos de personas tuve que soportar el registro de mis medicinas y responder preguntas acerca de todas aquellas pastillas, aerosoles, insulinas, jeringuillas o sobre un compresor de aire, que sirve para la medicación vaporizada.

Allí me sentí discriminado, sentí que se vulneraban y pisoteaban mis derechos como persona y como ciudadano europeo. Me encontré frente a frente con una nueva norma, redactada por el Comité de Seguridad de Aviación Civil y aprobada por la Comisión Europea, sin que hubiera sido debatida en el Parlamento Europeo, ni siquiera un debate público previo a su aprobación. Las nuevas normas se basaban en supuestos intentos de atentados y en medidas que aplicaban otros países.

Pero me quedé especialmente sorprendido porque esta nueva normativa había sido declarada secreta. Yo, como ciudadano, no tengo derecho a leerla, ni siquiera para formarme una opinión fundada sobre ella.

En el aeropuerto berlinés, se me dio un folleto que me indicaba qué líquidos y en qué cantidades podía subir al avión en mi equipaje de mano. Sin embargo, la decisión final dependía del personal de seguridad de la zona de embarque, que, por cierto, consultaban exactamente el mismo folleto informativo que tenía yo. No hace falta que exponga lo arbitrario que es este sistema: una normativa secreta, reducida a un mero tríptico informativo, que es el mismo que tenemos el personal de seguridad y los viajeros. Así cada uno de los individuos en la zona de embarque interpreta y decide arbitrariamente qué se puede y qué no se puede pasar.

Sentí vulnerada mi intimidad al tener que enseñarle a un guardia de seguridad un informe médico con mi historial, algo que creo que forma parte de mi privacidad. ¿Está un guardia de seguridad o un policía cualificado para ver y entender este informe?

¿Esta es la Europa que queremos los ciudadanos de los 25?. ¿Una Europa anti-social, anti-democrática, basada en el oscurantismo y en el “todo vale en nombre de la seguridad y la lucha contra el terrorismo”, que anula nuestros más básicos derechos, que merma nuestras libertades, nuestra intimidad y que excluyen a grandes colectivos de personas que son tratados como delincuentes por el simple hecho de coger un avión? No queremos que nuestra sociedad sea igual que los EE.UU, donde todo vale.

Al llegar a España, me puse en contacto con el Defensor del Pueblo Europeo y con la Comisión de Peticiones del Parlamento Europeo. He conseguido que se inicie una investigación preliminar sobre este tema.